Ajustamos nuestros servicios para responder a las necesidades reales de tu empresa. Ya sea en auditoría, revisoría fiscal, consultoría o outsourcing, en RMC adaptamos cada solución para fortalecer tus procesos, garantizar el cumplimiento normativo y generar valor sostenible
Calle 63 #47-63 Oficina 201
Barranquilla, Colombia

Un banco pide un indicador de sostenibilidad para aprobar un crédito. Un cliente corporativo exige el dato de emisiones de sus proveedores antes de renovar un contrato. Ninguno de los dos escenarios es hipotético: ya están ocurriendo en Colombia, y ambos tienen una respuesta técnica en común: la contabilidad de carbono, la disciplina que mide, valora y reporta las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de una organización con el mismo rigor que cualquier otra cifra financiera.
Hasta hace poco, este tema parecía reservado para multinacionales con áreas de sostenibilidad dedicadas. Pero la exigencia se está trasladando hacia abajo en la cadena: puertos, industria manufacturera, agroindustria y empresas exportadoras de la Costa Caribe ya reciben solicitudes de información ambiental por parte de clientes, aseguradoras o entidades financieras, incluso sin tener una obligación normativa directa que las cubra.
Antes de emprender cualquier medición, conviene tener clara la clasificación que usa el GHG Protocol —el estándar internacional de referencia— para organizar las emisiones de una empresa en tres alcances:
El Alcance 3 suele ser el más grande y el más difícil de medir, pero también el que más rápido está empezando a exigirse: es, precisamente, el dato que un cliente corporativo le pedirá a una pyme proveedora para completar su propio reporte. En sectores como el logístico o el industrial, solo el transporte de mercancías y los insumos comprados a terceros pueden representar una porción considerable de esa huella total, sin que la empresa lo note si nunca la ha medido.
El respaldo internacional a esta tendencia son las NIIF S1 y S2, emitidas en 2023 por el ISSB para estandarizar la información financiera de sostenibilidad. Colombia aún no las adopta formalmente, pero ya construyó el camino: la Superintendencia Financiera exige revelación de información climática a sus vigiladas desde 2021, y la Superintendencia de Sociedades pide reportes anuales de sostenibilidad desde 2022. A esto se suma un antecedente tributario directo: el impuesto al carbono de la Ley 1819 de 2016, que ya grava el contenido de carbono de los combustibles fósiles en el país.
Aunque estas obligaciones formales recaen, por ahora, sobre entidades vigiladas y grandes compañías, su efecto se extiende más allá: cuando una empresa grande debe reportar su Alcance 3, traslada esa exigencia a sus proveedores pyme para poder completar el dato. Es la misma lógica que se vivió con la adopción de las NIIF financieras hace una década: la norma aplica primero a unos pocos, pero termina moviendo a toda la cadena.
Lo que esto significa para una pymeNo es necesario reportar bajo NIIF S1/S2 para que la huella de carbono importe hoy: basta con que un banco, un cliente o un fondo de inversión la pidan como condición del negocio. |
Una empresa no necesita hacer afirmaciones ambientales falsas para tener un problema de credibilidad; basta con no poder sustentar con datos lo que ya está comunicando de manera informal —una etiqueta, una frase en la página web, una respuesta verbal a un cliente que pregunta por la huella de carbono. Documentar el origen y el método de cálculo de cada cifra, desde el primer momento, es lo que distingue una gestión ambiental seria de una simple declaración de buenas intenciones.
Este sitio web utiliza cookies para garantizar que obtengas la mejor experiencia en nuestro sitio.
© 2026 RMC S.A.S. Todos los derechos reservados.
Loading...
Contáctanos