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En enero de 2026 se licenciaron 1.947.744 metros cuadrados para construcción en Colombia, un crecimiento anual de 16,5% frente al mismo mes de 2025.
Para quien tiene o evalúa una inversión inmobiliaria, ese número no es solo una estadística sectorial. Es una señal que vale la pena leer con cuidado.
El crecimiento no fue uniforme en todo el sector.
El área aprobada para vivienda creció 18,2% y concentró el 79,3% del total licenciado en el mes. La vivienda No VIS registró un aumento de 47,2% anual, mientras que la Vivienda de Interés Social cayó 19,6%.
Para entender la diferencia: la VIS es el segmento dirigido a hogares de ingresos bajos y medios, con precio máximo regulado por el Gobierno y acceso a subsidios del Estado como los del programa Mi Casa Ya. La No VIS corresponde a proyectos que operan bajo condiciones de mercado libre, sin ese techo de precio.
Que la VIS haya caído mientras la No VIS creció con fuerza indica que el dinamismo de enero se concentró en los segmentos de mayor valor comercial. Una distinción relevante para quienes tienen inversiones en uno u otro tipo de proyecto.
El comportamiento regional también fue marcadamente dispar. Antioquia explicó 9,8 puntos porcentuales de la variación nacional, con un crecimiento de 66,7%. En contraste, Valle del Cauca cayó 58,9%, Atlántico 85,3% y Bolívar 84,2%.
La ubicación geográfica importa tanto como el dato nacional.
Más allá de las cifras de enero, el mercado inmobiliario colombiano en 2026 ofrece un contexto que los inversionistas deben conocer.
Camacol proyecta que las ventas de unidades nuevas podrían crecer entre 5% y 12% en 2026, con un repunte de más del 13% en inicios de obra, impulsado principalmente por el segmento No VIS.
Los precios de vivienda nueva se proyectan con un incremento de entre 10% y 15% durante 2026, lo que refuerza el atractivo de la propiedad raíz como activo de protección patrimonial frente a la inflación.
A esto se suma una coyuntura financiera singular: en 2026 vencen CDT por más de $100 billones, una masa de ahorro que busca opciones de inversión con mayor rentabilidad, y que podría dirigirse parcialmente hacia el sector inmobiliario.
No todas las estrategias inmobiliarias funcionan igual en este entorno.
Para inversionistas con horizonte de 3 a 5 años, la combinación de demanda sólida y proyección de aumento en precios puede generar valorización patrimonial interesante. Para desarrolladores, el repunte de demanda y las proyecciones de ventas sugieren que proyectos No VIS o en zonas con plusvalía representan una apuesta con fundamentos sólidos.
Para quienes buscan renta, el panorama también es favorable. El canon de arrendamiento tiende a ajustarse en función del IPC, lo que convierte a la vivienda en un activo generador de flujo de caja atado al costo de vida.
Sin embargo, no todo es optimismo sin matices. La reducción de subsidios de vivienda —26% en 2023 y 66% adicionales en 2025— limita la capacidad de compra de algunos segmentos, lo que hace más relevante evaluar con rigor los ingresos propios, el ahorro disponible y la solidez financiera antes de comprometer recursos.
Una oportunidad de mercado no reemplaza el análisis financiero individual.
Cuando las tasas de interés son elevadas, como ocurre actualmente con el Banco de la República en 10,25%, el mercado se enfría para algunos perfiles pero abre ventanas para inversionistas estratégicos que operan con capital propio o acceso a condiciones preferenciales.
Antes de tomar una decisión de inversión inmobiliaria, es necesario tener claridad sobre tres aspectos fundamentales: la estructura de financiamiento del proyecto o la compra, la proyección de flujo de caja si el destino es arrendamiento, y los costos asociados a la operación y al cumplimiento tributario del activo.
La inversión en vivienda funciona mejor como activo patrimonial cuando el inversionista planea con un horizonte de varios años, lo que permite que la valorización compense los costos de transacción y los ciclos del mercado.
El crecimiento en licencias de enero es un indicador alentador para el sector.
Pero como en cualquier decisión de inversión, la clave no está en el titular: está en entender qué hay detrás del número, cómo aplica a la realidad específica de cada negocio o portafolio, y qué tan sólida es la estructura financiera con la que se toma la decisión.
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