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El dólar no afecta a todas las empresas de la misma manera.

Las proyecciones de BBVA Research sitúan el dólar entre $3.700 y $3.800 en el primer trimestre de 2026, con un promedio anual que podría superar los $4.000 hacia el cierre del año. A esto se suma un comportamiento mixto con riesgos inclinados hacia una tasa de cambio más alta, presionada por ruidos fiscales, políticos y un entorno de partida retador.

Esa amplitud de escenarios no es un problema de analistas. Es un problema de gerentes que tienen que decidir con ese margen de incertidumbre.

Antes de leer el mercado, lea su empresa

Más del 90% del tejido empresarial colombiano está compuesto por MiPymes, muchas de ellas sin mecanismos sofisticados de cobertura cambiaria. Para estas compañías, la volatilidad suele ser más desafiante que el nivel puntual del dólar.

El punto de partida no es saber si el dólar va a subir o bajar. Es entender qué tan expuesta está su empresa al tipo de cambio, y qué tan preparada está para absorber un movimiento adverso.

¿Cuál es el perfil de su empresa?

Si importa insumos o productos terminados

Los importadores tienen que adquirir productos y materias primas más costosos cuando el dólar sube, afectando directamente los márgenes de ganancia de las empresas que dependen de insumos importados. Adicionalmente, la volatilidad del dólar dificulta la planificación financiera, ya que los costos pueden variar significativamente en cortos períodos de tiempo, generando incertidumbre y riesgo en las operaciones comerciales.

Lo que debe revisar: estructura de costos en dólares, plazos de pago a proveedores internacionales y si tiene o no algún mecanismo de protección ante una depreciación del peso.

Si exporta productos o servicios

Cuando se presenta una depreciación del peso, los exportadores reciben los mismos dólares que antes, pero al venderlos en el mercado cambiario obtienen más pesos, lo que les genera mayores beneficios económicos.

Sin embargo, para las empresas que venden en dólares y asumen la mayor parte de sus costos en pesos, una tasa de cambio más baja se traduce en condiciones adversas para los márgenes. Un peso fuerte, como el que se observó en 2025 con una apreciación cercana al 14%, puede erosionar la rentabilidad del exportador con la misma rapidez con que la mejora.

Lo que debe revisar: sensibilidad de su margen operativo ante variaciones de $200 o $300 pesos en la tasa de cambio, y si sus precios de exportación tienen espacio para absorber esa presión.

Si opera solo en el mercado local

La exposición cambiaria no desaparece porque su empresa no tenga operaciones en dólares. Si sus proveedores importan, si sus activos o equipos son de origen extranjero, o si tiene deudas con algún componente en moneda extranjera, el dólar impacta su costo de operación de forma indirecta.

Un dólar alto encarece las importaciones y puede aumentar la inflación, mientras que una moneda local fuerte favorece las importaciones pero puede afectar negativamente a los exportadores. En cualquiera de los dos sentidos, hay un efecto que llega a la estructura de costos, aunque no sea evidente en el balance a primera vista.

Lo que debe revisar: cuánto de su cadena de suministro tiene componente importado, y cómo se trasladan esas variaciones a su precio de venta.

La herramienta que más se subestima: la cobertura cambiaria

Las coberturas cambiarias permiten a las compañías fijar una tasa con anticipación y evitar impactos súbitos en sus estados financieros.

Al neutralizar la exposición cambiaria, garantizan que las empresas proyecten ingresos y costos con mayor certeza, facilitando decisiones de inversión y protegiendo márgenes en exportaciones e importaciones frente a movimientos adversos en el mercado cambiario.

La pregunta que no se hace con suficiente frecuencia

¿Cuánto le cuesta a su empresa un movimiento de $300 pesos en la tasa de cambio?

Si no tiene esa respuesta disponible, es probable que la volatilidad cambiaria esté siendo gestionada de manera reactiva y no estratégica. 

El dólar no debería leerse como un veredicto sobre el rumbo del país, sino como un recordatorio permanente sobre la necesidad de construir empresas más sólidas, adaptables y capaces de sostener su crecimiento incluso en medio de la volatilidad.

Esa solidez empieza por conocer los propios números con precisión. En RMC trabajamos con las empresas exactamente en eso: en construir la claridad financiera que permite tomar decisiones cuando el entorno no lo pone fácil.

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